EEUU mira hacia atrás, China hacia adelante… ¿Y México?

Por Arturo González González

En la pista de carreras hay dos autos: uno azul y otro rojo. El azul es grande y potente, y es de gasolina. El rojo, eléctrico, es casi tan grande como el azul y, por momentos, más potente. El auto azul es conducido por un temperamental piloto que da volantazos repentinos a la derecha, con los ojos puestos en el retrovisor y en su oponente de al lado. Muy poco mira hacia adelante. El rojo lo maneja un experimentado piloto que tiene la mirada fija en el camino de enfrente, confía en su trayecto ya recorrido, y de vez en cuando mira de reojo a su oponente. Esta imagen me viene a la mente luego de revisar y comparar la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) 2025 publicada por el gobierno estadounidense hace unos días, y el Libro Blanco de Seguridad Nacional (LBSN) 2025, publicado por el gobierno chino en mayo pasado.

El glorioso pasado o el porvenir exitoso

Sendos documentos marcan la pauta de la política exterior e interior de cada una de las dos grandes potencias en un contexto mundial de transformación como el que vivimos. Pero aunque hablan de lo mismo, la seguridad nacional, la esencia de sus planteamientos es diametralmente distinta. Y esto es palpable desde la orientación temporal de cada documento. El ESN estadounidense parte de una intención de restauración de un glorioso pasado “americano” y de la corrección del rumbo que tomó la primera potencia mundial tras el fin de la Guerra Fría. A lo sumo, Washington aspira a un renacimiento, una nueva edad dorada fincada sobre los valores tradicionales y los fundamentos nacionalistas ya probados sin un horizonte futuro claro. En contraste, el LBSN chino apunta a dos momentos en el porvenir: 2035 y 2049, este último año del centenario de la república popular. Y si bien Pekín invoca la historia varias veces milenaria de la civilización china, su foco lo coloca en la inauguración de su liderazgo en una nueva era.

Amenazas disímbolas

La diferencia se percibe también en aquello que ambos países consideran como sus desafíos principales. Para Estados Unidos, los riesgos vienen desde fuentes tradicionales en su mayoría, las cuales son vistas desde una perspectiva estrictamente nacional: el poder e influencia de China, la migración desde el sur, el crimen y el terrorismo, la gobernaza global, el multilateralismo liberal, la agenda proambiental. El futuro común de la humanidad está prácticamente ausente en la ESN. Para China, el cuadro de amenazas es multidimensional. Va desde el injerencismo de fuerzas occidentales anti-chinas, hasta desafíos globales como el cambio climático, pasando por el separatismo territorial y los retos tecnológicos. Al contrario de lo que plantea Washington, Pekín sí observa a la seguridad y estabilidad globales como un elemento fundamental de su propia seguridad nacional.

Dos visiones de seguridad económica

Un elemento central en ambos documentos es la seguridad económica, pero las perspectivas cambian. Mientras que Estados Unidos coloca el acento en la necesidad de renacionalizar la industria, es decir, meter reversa a parte de la proyección global del capitalismo estadounidense, a través del reshoring y el nearshoring, China apunta hacia una prosperidad económica compartida basada en la seguridad y el desarrollo como binomio inseparable y vinculado a una apertura comercial continua y estable. Quizá el aspecto más llamativo de la estrategia estadounidense en lo económico es la persistencia de su dominio de la energía de fuentes fósiles. En contraste, China pretende colocarse a la vanguardia de la transición energética, desde la producción de insumos hasta la generación de electricidad. En cuanto a la dimensión tecnológica, la diferencia es más sutil. Está claro que ambas potencias pretenden liderar la revolución tecno-científica de la IA. Pero Washington busca la primacía tecnológica para afianzar su predominio en el mundo; Pekín aspira a liderar la revolución de las nuevas tecnologías para controlar los riesgos de seguridad nacional y afianzar la estabilidad social.

De la hegemonía unipolar al dominio en la multipolaridad

Una contradicción aparente en la ESN tiene que ver con la continuidad del sistema de alianzas que Estados Unidos creó para garantizar su hegemonía. La visión trumpista reniega de la forma en la que la potencia americana soportó dicho sistema a la vez que propone mantenerlo aunque recalibrado. Si antes era Washington quien financiaba la proyección y defensa de sus intereses en el mundo a través de alianzas militares como la OTAN, ahora busca que sus aliados financien dicha estructura y, de paso, contribuyan con sus recursos a la preeminencia de los intereses estadounidenses. Es justo lo que el presidente Donald Trump exige hoy de la Europa otanista: “defiéndete y defiende a Ucrania de Rusia con tu dinero, pero cómprame a mí las armas”. China, por su parte, rechaza esta visión de política de bloques, que califica como propia de una mentalidad de la Guerra Fría. La multipolaridad atraviesa ambos documentos, pero mientras Estados Unidos promueve un enfoque reactivo de defensa de los valores occidentales, China se plantea liderar un nuevo multilateralismo en donde el Sur Global tenga un mayor peso específico, y en el que la visión de Occidente ya no sea la dominante.

El choque geopolítico

El punto crítico de las concepciones de seguridad nacional de las dos grandes potencias está en la cuestión geopolítica. La ESN estadounidense plantea un nuevo impulso a la Doctrina Monroe, que data de hace dos siglos, con el objetivo de colocar al continente americano como la prioridad de Washington. A través del despliegue de fuerza, Estados Unidos pretende volver a controlar América para contener amenazas como la migración y el narcotráfico, hacerse de recursos y alejar las influencias de otras potencias como China y Rusia. Lo que ocurre en Venezuela debe ser visto desde esta perspectiva. Pero si el hemisferio occidental aparece como prioridad estratégica para la potencia americana, el espacio en donde se gana el futuro económico del mundo está en la región Indo-Pacífico, en la que China ejerce una influencia preponderante. Por ello, para Estados Unidos es fundamental fortalecer el cerco de contención del gigante asiático para evitar, por ejemplo, la anexión total de la isla de Formosa. En contraparte, China plantea la construcción de un escenario de estabilidad en Asia-Pacífico basado en el reconocimiento de los territorios y las aguas que Pekín reclama, incluyendo Taiwán. Aquí es donde colisionan con mayor claridad los intereses del águila americana y el dragón asiático.

Me resulta evidente que mientras la ESN estadounidense muestra un horizonte estratégico anclado en una historia nacionalista, con algunas proyecciones a futuro, sí, pero sólo para restaurar la idea de un mítico pasado glorioso, el LBSN chino proyecta un horizonte de seguridad decididamente hacia el futuro, que incluye el diseño consciente de un nuevo panorama de estabilidad nacional y global para las próximas décadas. Pero el auto azul y el rojo siguen en la pista.

Ahora bien, ¿qué significan para México las nuevas visiones de seguridad nacional de ambos gigantes? Lo primero que debemos apuntar es que el ESN es una hoja de ruta para que Estados Unidos pueda defender sus intereses vitales en un nuevo escenario de competencia entre grandes potencias. Para China el LBSN se trata de una guía para construir una seguridad integral hacia una nueva era en medio de un mundo convulso e inestable debido a la resistencia de la visión exclusivista de Occidente. La diferencia entre ambas concepciones es muy importante para entender lo que implica para un país como México navegar las aguas de una época marcada por la rivalidad entre Washington y Pekín. Veamos primero los posibles impactos negativos.

Más proteccionismo

La ESN augura más tensiones comerciales debido al proteccionismo estadounidense. Aceptémoslo: los aranceles llegaron para quedarse. Incluso en un escenario en el que Trump ya no esté, es posible que otros presidentes, sean demócratas o republicanos, mantengan parte del arsenal geoeconómico de la actual administración. Ya ocurrió con el expresidente Biden. Es muy probable que el gobierno de Estados Unidos siga presionando a México a través de la amenaza de aranceles para que se alinee a sus intereses geopolíticos y securitarios.

Fuerza igual a despliegue militar

Con la ESN, Washington convierte a la política antimigratoria y la seguridad fronteriza en mantras. Las visión incluye, además de ampliar las facultades para las deportaciones, detener la migración desde el Sur Global y obligar a terceros países a contener los flujos migratorios. Además, el colocar al binomio narcotráfico-terrorismo como prioridad de combate le permite a Estados Unidos “justificar” su despliegue militar en el continente americano. Es de prever que los amagos de incursiones aéreas, navales o terrestres contra México y otros países continuarán como medida de presión y factor de incertidumbre.

La Doctrina Monroe según Trump

Quizá uno de los elementos más llamativos de la ESN es la reinterpretación del Doctrina Monroe. Cuando se insauró hace dos siglos, esta política buscaba disuadir a las potencias imperialistas europeas de intentar la recuperación de sus colonias americanas. Hoy, el “corolario Trump” de la doctrina busca privar a competidores extrahemisféricos (léase China) del acceso a mercados y recursos estratégicos de países del continente. Para nuestro país esto supondrá tener encima la mirada de Washington para evitar la inversión china en áreas estratégicas o que supongan “amenazas” a los intereses nacionales estadounidenses. Por otro lado, prescindir de la proveeduría de insumos y tecnología del gigante asiático es un desafío mayúsculo, incluso para Estados Unidos. Y en cuestión de destino de exportaciones, es altamente improbable que México pueda sustituir el mercado de su vecino del norte con el mercado chino.

Incertidumbre que paraliza

El choque de visiones entre la Casa Blanca y los Palacios del Mar (en chino Zhonhnanhai, complejo sede del gobierno chino) pone en aprietos a medio mundo y México no es la excepción. La incertidumbre que provoca una polarización global cada vez más profunda paraliza las inversiones y complica la planeación estratégica de los países y las grandes firmas internacionales. La ralentización del nearshoring se debe en buena parte al enfrentamiento comercial, económico y tecnolígico entre las dos potencias. Hasta que no se fijen las nuevas reglas del intercambio global y regional, la inestabilidad seguirá siendo la norma.

El nuevo rostro del nearshoring

Pero no todo son riesgos. También hay oportunidades. Hay quienes creen que el nearshoring está muerto, pero no es así. Se ha ralentizado, como ya dije, pero también se está reconfigurando. Los aranceles al acero y productos derivados vinculados a la industria automotriz, la obsesión de Trump de relocalizar en el territorio estadounidense las fábricas de autos y la necesidad del vecino del norte de sustituir las importaciones electrónicas chinas, han provocado que el nearshoring adquiera un nuevo rostro. Mientras las exportaciones mexicanas dentro del sector automotor se han desplomado en 2025, las relacionadas con la industria de aparatos electrónicos y electrodomésticos han ido en ascenso. Si México logra aprovechar (con talento e infraestructura) la ventana de oportunidad que abre la rivalidad comercial y tecnológica entre las dos superpotencias podría pasar de ser un taller de manufactura avanzada a un nodo de desarrollo de tecnología de consumo.

Nuevas inversiones estratégicas

La prioridad expresa de Estados Unidos de garantizar su acceso a recursos estratégicos en el continente americano puede propiciar la exploración de nuevos esquemas e inversión conjunta en México en sectores como la energía y los minerales críticos. Fortalecer la cadena de suministro en este sentido cumpliría con el objetivo de afianzar la seguridad económica norteamericana y disminuir la dependencia de regiones más lejanas y potencialmente conflictivas.

Acicate para la seguridad

En el tema de seguridad y Estado de derecho, si bien la amenaza de una intervención en suelo mexicano para combatir a los cárteles es indeseable por el daño que causaría a la soberanía de nuestro país, puede servir de acicate para que el gobierno mexicano fortalezca su estrategia de pacificación y de control estatal de todo el territorio. Incluso, negociar con Washington apoyo táctico y logístico para hacer más eficiente la desarticulación de grupos criminales.

China: oportunidades selectivas

En cuanto a China, su interés y necesidad de estrechar los lazos con América Latina con fines diplomáticos y comerciales plantea un escenario para que México aproveche oportunidades selectivas sin socavar la relación con su principal socio en Norteamérica. El gigante de Asia ofrece posibilidades de inversión productiva, insumos, bienes intermedios y terminados. Nuestro país debe ser lo suficientemente inteligente para decidir en qué sí colaborar con China y en qué no es conveniente, ya sea para la industria nacional como para su sociedad con Estados Unidos. Pero, sobre todo, México tiene que, sí o sí, transparentar y definir su relación con Pekín.

México, país estratégico

Por último, pero no menos importante, el reacomodo global actual y el duelo entre las dos superpotencias aumenta considerablemente la importancia geoestratégica de México. Lo he dicho en foros, conferencias y otros textos: somos un país muy importante para la estabilidad de mundo. Tenemos amplio acceso a los dos océanos más dinámicos del planeta. Somos el quinto país con más tratados comerciales, el nodo de conexión del mundo latinoamericano y el espacio norteamericano y el punto de encuentro entre Europa Occidental y Asia Pacífico. Tenemos recursos, una tradición industrial de más de medio siglo y una población plural que sigue creciendo, aunque ya estamos llegando a nuestra cima demográfica. El cambio de época que nos toca es desafiante, sí, pero también puede ser positivamente estimulante.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Arturo G. González

Soy adicto a saber y descubrir algo nuevo todos los días. Me obsesiono con tratar de entender el mundo y la época que me tocó vivir. No puedo escapar a la necesidad de comprender por qué nuestra civilización es como es, y para ello leo noticias, opiniones, artículos de análisis y libros; escucho música y veo cine. Creo que el pasado vive en el presente, y que el presente es la pieza clave del futuro. Te invito a este viaje de pensamiento y descubrimiento cotidiano. Esta es mi visión del mundo.