El mundo en el laberinto, ¿es inevitable una guerra mundial?

El mundo en el Laberinto de Creta, ¿sin salida?

(Por Arturo González González) En medio del ruido que provocan los tambores de una posible guerra mundial, recuerdo un mito griego muy popular. El arquitecto ateniense Dédalo construyó un laberinto en Creta por órdenes del rey Minos para esconder ahí un monstruo. Se trataba del Minotauro, una bestia mitad humano mitad toro, nacida de la relación entre Pasífae, esposa de Minos, y un toro blanco de cuya belleza ella se había enamorado.

El laberinto se convirtió en escenario de un horrible sacrificio. Al perder la guerra con Creta, cada cierto tiempo la ciudad de Atenas debía enviar como tributo siete doncellas y siete mancebos para ser encerrados en el laberinto.

Dicen que la estructura construida por Dédalo era tan intrincada que, una vez dentro, parecía que no tenía principio ni fin. Las doncellas y mancebos atenienses terminaban topándose con el monstruo, quien los devoraba irremediablemente.

Dada la situación global actual, me atrevo a decir que los intereses geopolíticos de las potencias mundiales y regionales han conducido al mundo al interior del laberinto de Creta. La retórica de los participantes de este juego perverso apunta sólo hacia callejones sin salida.

Tres botones como muestra.

Europa ¿foco, otra vez, de guerra mundial?

Desde hace varios meses se construye en Occidente la narrativa de que un enfrentamiento con Rusia es inevitable. Esta narrativa ha crecido en los pasillos del poder de la Unión Europea, el Reino Unido y los Estados Unidos a raíz del fracaso de la anunciada contraofensiva de Ucrania en 2023 y los avances recientes de las fuerzas rusas en el terreno.

El discurso occidental es que si Ucrania cae, Rusia irá ahora contra otros países europeos sin importar si pertenecen a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). El eventual regreso de Donald Trump a la presidencia de EEUU alentaría al presidente ruso Vladimir Putin a atacar Europa dado el escaso compromiso manifestado por el republicano en la defensa de los socios europeos de la Alianza Atlántica.

Ante ese escenario, los gobiernos y medios de Europa hablan de la necesidad imperiosa de prepararse para la guerra que viene. Basta revisar los titulares principales de medios europeos de las últimas semanas para darse cuenta de ello. Las opiniones manejan dos caminos: si se quiere evitar la guerra con Rusia, se debe ayudar a Ucrania a ganar; y si se cree que Ucrania está perdida, hay que pertrecharse para enfrentar a Moscú. Los caminos conducen al mismo callejón: el choque con las fuerzas de Putin.

Del otro lado, los caballos de la guerra también galopan veloces. El Kremlin plantea un escenario único: Rusia debe ganar la guerra en Ucrania hoy, mañana o pasado mañana. Ningún otro resultado es posible. Y ganar la guerra implica el reconocimiento por parte de Kiev y sus apoyadores occidentales de las ganancias rusas en el terreno y las condiciones de Putin.

El problema es que si Occidente incrementa sustancialmente el apoyo a Ucrania y, además, se involucra de forma más directa en el conflicto para revertir la situación actual e, incluso, doblegar al gobierno de Rusia, éste ya ha advertido cuál sería su plan B, que no conviene a nadie.

La frase que repiten los propagandistas rusos es contundente: “no se puede derrotar a una potencia nuclear”. Dicho en el castellano más llano: si Rusia se va al carajo, el mundo se va con ella. Por lo visto, en Ucrania todos los caminos conducen al Minotauro. O al menos eso nos quieren hacer ver.

El laberinto de una vieja guerra en nueva escalada

Algo similar ocurre en Palestina. El gobierno sionista de Israel defiende su idea y acción de aniquilar a Hamás, la agrupación islamista palestina que perpetró el atentado terrorista del 7 de octubre de 2023 y que mantiene secuestradas a decenas de israelíes.

Pero es más que obvio que cuando el primer ministro Benjamín Netanyahu habla de Hamás, en realidad está refiriéndose a todos los palestinos, incluidos niños y bebés. De otra forma no se explica la estrategia que siguen las tropas israelíes de arrasar con todo en Gaza y acelerar lo que Likud intenta desde hace décadas: una limpieza étnica del territorio palestino.

Las acusaciones de genocidio se han multiplicado incluso en los países históricamente aliados de Tel Aviv. La vieja solución de los dos Estados -uno israelí y otro palestino-, que alguna vez llegó a barajar como posibilidad Israel, no entra en los planes de Netanyahu. La información sobre las acciones desproporcionadas que llevan a cabo en el terreno las fuerzas israelíes deja clara la visión del gobierno sionista que depara a los palestinos la sumisión, el exilio o la muerte.

Y en la medida en que el sionismo radical se apodera de todas las decisiones en Israel, el islamismo extremista gana adeptos entre los palestinos, quienes ven en la violencia su única opción de supervivencia frente a los embates del ejército mejor preparado de Oriente Medio.

Y de la misma forma que dentro de la óptica del sionismo radical no existe hoy una vía distinta a la desaparición de lo que queda de Palestina, para el islamismo extremista no hay un camino alterno a la destrucción de Israel. La región entera, con el actual alineamiento de fuerzas de uno y otro bando, está metida también en el laberinto en el que las fauces del Minotauro son la única “salida”.

Asia, otro escenario de una posible guerra mundial

El tercer ejemplo sigue la misma trayectoria. “Hay una sola China y el gobierno de la República Popular es el único legítimo y Taiwán es parte de China”. Esta frase se repite como mantra en el régimen asentado en Pekín y representa una afrenta para el régimen de Taipéi, que se asume autónomo, aspira a una independencia plena con reconocimiento internacional e, incluso, reclama la herencia histórica estatal de la China milenaria.

El crecimiento de poder económico, político y militar le ha dado a la China continental el empuje para subir el tono a sus reclamos y denunciar de forma más asertiva la presencia de EEUU en las aguas de los mares Oriental y Meridional que Pekín reclama como parte de su espacio.

El presidente Xi Jinping ha endurecido su política frente a Taiwán y su gobierno ha declarado que la reunificación completa de la isla es inevitable y que, de ser necesario, usarán la fuerza para que se consiga. Factores políticos, geopolíticos, históricos y económicos mueven al gobierno comunista en ese rumbo. 

Por su parte, los gobiernos pro-occidentales de Taipéi han fortalecido los vínculos con EEUU en los últimos años para garantizar el apoyo político, financiero y militar en caso de una invasión por parte de la China continental.

Aunque Washington reconoce formalmente a la República Popular China desde 1979, mantiene relaciones no oficiales con la isla, y gobiernos demócratas y republicanos han manifestado su compromiso con la defensa de la autonomía de Taiwán.

El tono también ha subido de este lado; EEUU dice que no permitirá una invasión de Pekín a Taipéi. Es decir que, si Xi Jinping ordena acciones hostiles contra la antigua Formosa obtendrá una respuesta por parte de los estadounidenses.

La situación actual es de creciente tensión, debido a la presencia naval militar de ambas potencias en la zona y a los cruces frecuentes entre sus armadas con incidentes incluidos. Un error de cálculo por cualquiera de las partes pudiera desencadenar un conflicto entre las dos superpotencias de nuestro tiempo. Porque nadie quiere ceder. 

Nuevamente la pared del laberinto; y a nuestras espaldas, el hijo del toro y Pasífae.

¿Cómo salir del laberinto de Creta?

Si nos quedáramos con la intransigencia del discurso de los jugadores en cualquiera de estos escenarios, deberíamos concluir que nos encaminamos, irremediablemente, a una guerra mundial de consecuencias difíciles de imaginar.

He citado en este mismo espacio el enfoque de los teóricos del sistema-mundo (Wallerstein, Arrighi, et al.) que establece que cuando la hegemonía de una potencia entra en declive, el orden mundial que había generado entra en crisis y se desata el caos. Así ocurrió en los períodos de la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), las Guerras de Coalición (1792-1815) y las dos Guerras Mundiales (1914-1945). 

Pero esto no quiere decir que las fuerzas históricas, presentes y activas, sean irrefrenables y que caminemos de forma irremediable hacia un nuevo conflicto global de una magnitud nunca antes vista. El caos y el desorden que ocupan el vacío dejado por la hegemonía estadounidense no necesariamente deben conducir al choque brutal de las grandes potencias.

La historia también nos muestra que esto sólo ocurre cuando alguien en el gobierno o las élites de los estados en discordia toma la decisión de encender la chispa en medio del polvorín de una guerra mundial. La diplomacia firme y la buena política pueden estirar las bridas de los corceles de la guerra para amainar su ímpetu en un mundo convulso.

El problema es que en esta época estamos carentes de figuras diplomáticas y políticas de alto vuelo comprometidas con la paz, abiertas al diálogo franco y a las concesiones que toda negociación conlleva.

En la historia del laberinto de Creta hay un héroe y una heroína: Teseo y Ariadna. Ariadna, hija de Minos y Pasífae, hermana del Minotauro, ayudó al ateniense Teseo a guiarse con un hilo dentro del laberinto para acabar con el monstruo, salvar las vidas de las doncellas y mancebos del tributo en turno y salir del ingenio de Dédalo.

Veo en el hilo esa política diplomática que necesita con urgencia el mundo para evitar un desastre mayúsculo, y en Teseo y Ariadna, de bandos opuestos, a los ejecutores de dicha política que nos ayuden a salir del laberinto de una guerra mundial supuestamente inminente.

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Arturo G. González

Soy adicto a saber y descubrir algo nuevo todos los días. Me obsesiono con tratar de entender el mundo y la época que me tocó vivir. No puedo escapar a la necesidad de comprender por qué nuestra civilización es como es, y para ello leo noticias, opiniones, artículos de análisis y libros; escucho música y veo cine. Creo que el pasado vive en el presente, y que el presente es la pieza clave del futuro. Te invito a este viaje de pensamiento y descubrimiento cotidiano. Esta es mi visión del mundo.