Gengis Kan… ¿un empresario exitoso?

Así es la estatua ecuestre más grande del mundo (40 metros de altura), en honor de Gengis Khan y situada en Tsonjin Boldog (Mongolia) / EFE

Por Arturo González González

Erich Haenisch era catedrático en la Alemania Nazi cuando se adentró en el proyecto más importante de su carrera: la traducción de la Historia secreta de los mongoles.

Se trata del primer texto que existe en lengua mongola y narra las hazañas de Gengis Kan durante el nacimiento y expansión del Imperio mongol.

Durante siglos, el contenido del libro estuvo reservado al círculo cercano de los kanes.

Para los nazis era importante tener acceso al contenido para profundizar en las tácticas militares del Gran Kan, a quien tomaron como inspiración para desarrollar su guerra relámpago (blitzkrieg).

Querían saber más.

Haenisch viajó a Mongolia, pero sólo pudo encontrar una versión en chino. A pesar de ello elaboró la traducción y escribió un diccionario.

Debido a la falta de recursos la obra sólo pudo ser publicada hasta 1941, en plena guerra mundial.

Sin mucho margen de distribución, la primera edición se quedó guardada en cajas en Leipzig hasta que se convirtió en el daño colateral de un bombardeo aliado en 1943.

“Los enigmas de la Historia secreta no llegaron nunca a ser revelados a los nazis”, escribe Jack Weatherford en Gengis Kan y la creación del mundo moderno, quien hace referencia a este pasaje que bien podría servir de base para el argumento de una película de Indiana Jones. 

La fascinación con Gengis Kan

Gengis Kan ha despertado fascinación a lo largo y ancho del mundo y en distintas épocas.

Sus tácticas de disuasión antes de comenzar un sitio; las cargadas intempestivas de su caballería contra el ejército rival; sus falsas retiradas para exterminar al enemigo agotado en la persecución; sus despliegues implacables en los asedios; su magnanimidad con los rendidos y su crueldad con los renuentes, y el uso del castigo como propaganda, forman parte del catálogo de lecciones que generales han aprendido y replicado y que han asombrado a los no versados en las artes militares.

Políticos de diversas nacionalidades han echado mano de las estrategias del caudillo mongol para escalar en sus carreras, lo mismo que empresarios lo han hecho para expandir sus negocios e incrementar su riqueza.

Del nómada al conquistador, del estadista al negociante, las formas de Gengis Kan siguen cautivando en un mundo competitivo marcado por el capitalismo y las grandes potencias.

Aunque, muchas veces, los “métodos gengiskanianos” se exploran a partir de visiones simplistas o anacrónicas que se venden como fórmulas de manuales de superación. 

La lectura que propone Weatherford sobre la figura de Gengis Kan está más allá de las simplificaciones. Trata de colocar al fundador del Imperio mongol en su justa dimensión.

El impacto de Gengis Kan

Temuyín, como se llamaba en verdad, creció en el mundo de zozobra y violencia de las estepas asiáticas del cambio del siglo XII al XIII.

Su impulso inicial lo llevó a buscar la unificación de las tribus para imponer la paz entre ellas.

Una vez logrado el objetivo, fueron necesarias más tierras de pasto para alimentar a los animales que servían de alimento y transporte a la población del naciente imperio.

Cuando las huestes del Gran Kan se toparon con los imperios sedentarios, la conquista se volvió parte fundamental del ejercicio del poder mongol.

Gengis y sus descendientes controlaron un territorio de 24 millones de km2 (12 veces México) habitado por unas 160 millones de personas (más que la Rusia actual), dimensiones no vistas hasta entonces.

En los límites de su capacidad, el imperio de los kanes fomentó el comercio para abastecerse de los bienes producidos por las civilizaciones sedentarias, pero también para propiciar la estabilidad a través del intercambio.

Paz, pastos, conquista y comercio eran los objetivos de los kanes. La guerra, una de sus estrategias.

Los efectos de la obra de Gengis Kan

En ese trance, el líder mongol y su descendencia transformaron el mundo. La Pax Mongolica fue la última de las mundializaciones de Eurafrasia y el antecedente más cercano de la primera globalización que iniciaron Portugal y España en el siglo XV.

Gracias al orden mundial de los kanes, los reinos y ciudades europeas, pobres entonces, conocieron los avances científicos y tecnológicos desarrollados por las civilizaciones islámica, india y china, mismos que serían aprovechados posteriormente por Europa en su expansión colonial e imperialista.

Pero el dominio mongol también tuvo consecuencias negativas; la más notoria, la destrucción de las comunidades insumisas.

Otro efecto, este involuntario, fue la propagación de la peste bubónica por todo el orbe conocido en una pandemia que mató a decenas de millones de personas, aceleró la decadencia del antiguo orden político, económico y social y empujó el surgimiento de la llamada época moderna en la que el capitalismo europeo se pondría al frente del mundo.

Esa transición no habría sido posible sin el imperio de Gengis Kan.

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Arturo G. González

Soy adicto a saber y descubrir algo nuevo todos los días. Me obsesiono con tratar de entender el mundo y la época que me tocó vivir. No puedo escapar a la necesidad de comprender por qué nuestra civilización es como es, y para ello leo noticias, opiniones, artículos de análisis y libros; escucho música y veo cine. Creo que el pasado vive en el presente, y que el presente es la pieza clave del futuro. Te invito a este viaje de pensamiento y descubrimiento cotidiano. Esta es mi visión del mundo.