Ahí viene el T-MEC 2026

Por Arturo González González

Con las consultas al sector productivo de América del Norte se dio el banderazo de salida al proceso de revisión y probable renegociación del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC). Inicia una de las etapas más importantes del sexenio de Claudia Sheinbaum en materia de comercio y política exterior. El futuro económico de México y de toda la región norteamericana estará en juego hasta julio de 2026, cuando concluya el proceso de revisión y posiblemente se relance un T-MEC 2.0.

Para afirmar la relevancia que este proceso tiene basta saber que más de la mitad del PIB de nuestro país depende del comercio con sus socios de América del Norte, que México es el primer proveedor y ya también el primer comprador de Estados Unidos y que la única forma que tiene la región de competir con China y su bloque económico de Asia Pacífico es con una mayor integración económica.

Los gobiernos de México y Canadá lo entienden. Por eso, hace unos días el primer ministro canadiense, Mark Carney, y la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, se reunieron en la Ciudad de México para acordar una estrategia conjunta en la revisión del T-MEC frente a los embates proteccionistas y arancelarios del presidente estadounidense, Donald Trump. Pongamos algunos puntos sobre las íes para visualizar el escenario que se viene y cómo sacar el mayor provecho.

La negociación no será fácil

Observo por lo menos seis puntos complejos a la hora de la revisión:

  1. Washington va a impulsar reglas de origen más estrictas en el sector automotriz, es decir, que el contenido regional y estadounidense de los vehículos sea aún más alto que el que se tiene actualmente, lo que implicaría para México configurar cadenas de proveeduría e incrementar costos productivos.
  2. La Casa Blanca también presionará para excluir de forma más efectiva a China de la cadena productiva regional, para lo que México ya se prepara con los aranceles a las importaciones asiáticas.
  3. La obsesión de Trump de mezclar el comercio con la migración y la seguridad amenaza no sólo con la imposición de más aranceles sino de otras medidas coercitivas fuera del tratado que compliquen su cumplimiento.
  4. El gobierno de Estados Unidos exigirá a México que cumpla cabalmente los capítulos laborales del T-MEC antes de probablemente endurecerlos o ampliarlos a otras industrias, con la posibilidad de sugerir un salario mínimo regional que metería en aprietos al empresariado mexicano.
  5. Washington y Ottawa han expresado ya la necesidad de mayores garantías jurídicas a su inversión en nuestro país, sobre todo en energía y recursos minerales.
  6. La presión de los productores agropecuarios estadounidenses puede conducir a que el gobierno de Trump tome medidas restrictivas para las importaciones de alimentos provenientes de México.

¿Resistirá el frente Mex-Can?

Si la nueva sintonía Mex-Can quiere tener éxito en su negociación con la gran potencia americana, considero que hay algunas rutas que debe transitar más allá de declarar que harán un frente común y reconocer que Canadá necesita tanto de México para prosperar en esta empresa como México necesita de Canadá.

Ambos países deben llegar con una agenda bien definida y consensuada con sus respectivos sectores productivos de forma tal que muestren una solidez a dos bandas sobre los mismos temas de interés. No será fácil, pero hay que intentarlo.

Es probable que Donald Trump vuelva a impulsar una negociación bilateral con cada país en vez de trilateral; México y Canadá deben resistir a la tentación de morder el anzuelo porque eso los colocaría nuevamente en desventaja.

El comercio entre mexicanos y canadienses es considerablemente menor al que tienen por su cuenta con los estadounidenses, y esto debilita su posición conjunta, por lo que deben mejorar su colaboración e intercambio para fortalecer el frente común.

Por último, y quizá lo más importante, Mex-Can debe ensayar una compleja jugada doble que le permita una ventaja estratégica ante Estados Unidos: tomar la iniciativa en los temas más sensibles para Washington con la idea de abordar de raíz los problemas que complican la relación, mientras, al mismo tiempo, hace uso de los mecanismos legales del tratado para defender sus intereses y construye alianzas con sectores internos estadounidenses, tales como gobiernos subnacionales, cámaras y agrupaciones.

¿Qué si todo sale bien?

Si todo sale bien podríamos encarar un proceso de revisión acotado y técnico sin tener que reabrir todo el texto, incluso atendiendo a algunas de las demandas más importantes de Donald Trump. Si todo sale bien –vamos, pensemos que el mejor escenario es posible y probable–, no sólo tendríamos T-MEC hasta 2036, sino para algunos años más, con una América del Norte más integrada y resiliente en su cadenas productivas y de valor; un nearshoring efectivo y tripartita en sectores estratégicos; más flujo de inversión y comercio; mayor competitividad frente a Asia Pacífico, y bajo el nuevo paradigma de la seguridad económica.

¿Y si sale mal?

En el remoto caso de que salga mal, el T-MEC se rompe con la salida de Estados Unidos (ya lo hizo con el Acuerdo Transpacífico), lo que llevaría a Norteamérica a un retroceso comercial y económico histórico para beneplácito de China y sus socios asiáticos. Es creíble que México se lleve la peor parte en un escenario así, pero Estados Unidos y Canadá también sufrirían bastante por la salida o pausa de las inversiones. El aparato productivo de los tres países tardaría años en adaptarse a una nueva realidad regional fragmentada.

Un escenario menos catastrófico y no tan improbable sería la de una negociación empantanada y más larga de lo previsto. En cualquier caso, el deterioro de las relaciones políticas entre los tres países llegaría como consecuencia de la crisis del desacoplamiento industrial y comercial que pondría fin a cuatro décadas de comercio trilateral. A mi juicio, ninguno de los tres países puede darse el lujo de cometer semejante error.

Los retos de México

Pero incluso si el resultado de la revisión es positivo, México enfrentará grandes retos. Destaco aquí sólo cinco:

  1. Adaptar su base productiva a unas reglas de origen más estrictas.
  2. Cumplir las medidas de control de importaciones provenientes de China, es decir, vigilar mejor lo que Estados Unidos llama la puerta trasera.
  3. Prepararse para el cumplimiento y ampliación de los compromisos laborales.
  4. Fortalecer el Estado de derecho, la seguridad y la certeza jurídica para dar mayor certidumbre regulatoria a las inversiones nacionales y extranjeras.
  5. Elevar sustancialmente su infraestructura energética, hídrica, logística y de hospedaje industrial.

Lo más inmediato para nuestro país en estos momentos, y que tiene que ver con el proceso de revisión, es mejorar la capacidad de negociación con un equipo técnico completo, con el cual no se cuenta en estos momentos.

Y las oportunidades

Pensemos que México tendrá con qué superar esos retos y, por lo tanto, se colocará ante oportunidades históricas, entre las cuales veo cuatro:

  1. Su consolidación como el destino privilegiado del nearshoring, no sólo como manufacturero sino también como protagonista de algunas cadenas de valor avanzadas potenciadas con nuevos tratados con otras regiones.
  2. Un impulso sostenido a su competitividad regional y a su acceso preferencial al mercado de mayor valor del mundo.
  3. La posibilidad de generar empleos mejor remunerados que incentiven un desarrollo más equilibrado y justo.
  4. Afianzar la posición geopolítica de México, como puente entre Norteamérica y América Latina.

Un T-MEC repotenciado es para América del Norte la única forma de competir en una nueva era global fragmentada marcada por un mundo multipolar de bloques económicos. Pero también un tratado mejorado puede significar beneficios para algunas regiones de México.

Las más beneficiadas

Decir que el T-MEC traerá provecho a todas las regiones de México por igual es mera retórica. Hay zonas del país mejor capacitadas que otras para extraer mayores beneficios. Y dichas capacidades se han venido construyendo desde hace medio siglo, aproximadamente. Las regiones que veo con más potencial son:

Frontera Norte. Aquí la geografía manda. La cercanía con el mercado estadounidense es un elemento central. Los seis estados mexicanos fronterizos han avanzado en una integración industrial y económica con sus cuatro vecinos estadounidenses al grado de crear una potencia económica en sí misma. Es lo que llamo la República Frontera que, en conjunto, genera un PIB trasnacional de seis billones de dólares, superior al de la India. Tenemos las regiones binacionales de Cali-Baja, Sonora-Arizona, Chihuahua-Nuevo México-Texas Oeste y Río Grande (Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas y Texas). El abanico de sectores manufactureros exportadores de toda la franja es amplio: las industrias médica, aeroespacial, automotriz y electrónica son las más destacadas, pero no las únicas. Pero de nada serviría la geografía sin una adecuada infraestructura logística como la que tiene la región fronteriza, aunque siempre puede mejorar.

Bajío Centro. El corredor industrial que va del Centro-Norte al Bajío-Occidente es el nuevo cinturón manufacturero de México, principalmente en las industrias automotriz, aeroespacial y tecnológica. El talento humano calificado, la infraestructura logística, la cercanía con la Ciudad de México y la disponibilidad de hospedaje industrial de alta calidad son las ventajas principales de la región. Un factor que ha ayudado a marcar la diferencia es el trabajo de coordinación, proyección y promoción que realiza El Gran Bajío, liderado por Julio Di-Bella Roldán, Federico Quinzaños y Marcelo López. Esta agencia lleva a cabo una relevante labor paradiplomática conjunta que contribuye al desarrollo de una macrorregión que abarca varios estados del país.

Valle de México. El tándem Estado de México-Ciudad de México juega un papel de peso en la economía del país. Si bien no tiene una vocación manufacturera exportadora, la capital de la República sigue siendo el nodo corporativo para muchas empresas globales con presencia en México, con servicios financieros, legales y logísticos de la más alta calidad. Por su parte, el Estado de México ha creado un cinturón industrial y de distribución estratégico sin el cual no sería posible la operación de muchas de las grandes empresas nacionales e internacionales. Para ello, las amplias capacidades de transporte terrestre y aéreo son fundamentales. Además, la disponibilidad de talento humano es enorme: más de 20 millones de habitantes.

Sur-Sureste. Es la región de más reciente desarrollo, que ha sido puesta como prioridad por los gobiernos de la llamada Cuarta Transformación. Ante una eventual renovación del T-MEC, las zonas que más potencial tienen son el Istmo de Tehuantepec y la Península de Yucatán. La construcción del Corredor Interoceánico de Salina Cruz a Coatzacoalcos y su futura conexión con el Tren Maya pueden impulsar el desarrollo de la región con la atracción de inversiones en industria manufacturera, química, petroquímica y energética más allá de la tradicional vocación turística que tienen por la abundancia de patrimonio natural y cultural.

El beneficio no es magia

Para extraer el máximo provecho de un eventual relanzamiento exitoso del T-MEC, las regiones tienen que aplicarse. El beneficio no llegará por sí solo. Y aunque cada una tendrá sus derroteros específicos, en general hay asuntos que deben tomar en cuenta. Aquí cito sólo cinco:

  1. Invertir en infraestructura de todo tipo. Primero, para dotar a la industria y a quienes trabajan en ella de agua y energía. Segundo, para hospedar más industria y albergar más productos: parques con naves especulativas triple A y centros de distribución estratégicos y funcionales. Tercero, para conectar y mover más y mejor: carreteras, ferrocarriles, puertos, aeropuertos y redes de fibra óptica.
  2. Capacitar, retener y atraer talento humano. Ya no se trata sólo de generar habilidades duras y blandas. Los programas de Educación Dual y las certificaciones especializadas se han vuelto indispensables para el desarrollo de los nuevos sectores económicos. Pero las regiones también deben generar un modelo de calidad de vida lo suficientemente atractivo para retener a su talento local y atraer nuevo talento.
  3. Fortalecer el Estado de Derecho, la seguridad y la certeza jurídica. Contrario a lo que se repite en los círculos empresariales, disminuir la delincuencia, la incertidumbre jurídica y la corrupción no debe ser una estrategia enfocada en el capital. Una región que empieza por generar un ecosistema seguro, sano y de certeza para su población se convertirá en una región atractiva para las inversiones de más alto valor.
  4. Invertir en mejorar la calidad de vida. Esta acción está vinculada con las tres anteriores. La región que sólo piensa en atraer al capital sin preocuparse de satisfacer las necesidades básicas y secundarias de su población, está vendiendo humo. Las zonas metropolitanas más exitosas son aquellas en donde la gente puede y quiere vivir. Donde hay vivienda de calidad, servicios funcionales, urbanismo ordenado, espacios recreativos y oferta cultural, habrá gusto por la vida urbana. Y el gusto por la vida urbana es un imán para las inversiones.
  5. Promover activa y estratégicamente la inversión y la diversificación. Con la desaparición de ProMéxico, el gobierno mexicano abandonó la estrategia de posicionamiento económico global. La estafeta la deben tomar las regiones. Y algunas ya lo están haciendo. No sólo se trata de las giras de promoción y la presencia en ferias internacionales. Se trata de crear ecosistemas con vocaciones bien definidas, clusters regionales, esquemas de triple hélice y plataformas que conecten con aquellos a quienes nos interesa atraer.

¿Y qué hay de los sectores?

Al igual que ciertas regiones, hay sectores económicos que mayor impulso podrían tener con un T-MEC 2.0. El primero que aparece en todas las listas es el automotriz, que actualmente se encuentra afectado por la incertidumbre provocada por los aranceles. Una revisión exitosa del tratado podría llevar hacia un nuevo auge de la industria de autos y camiones. Incluso el endurecimiento de las reglas de origen abriría la puerta a que muchos de los insumos y bienes intermedios que México importa hoy sean sustituidos por artículos fabricados en el país, lo cual reforzaría la cadena mexicana del sector.

Otra industria clave es la eléctrica y electrónica. La guerra comercial de Donald Trump contra China ha convertido a México en el principal proveedor de aparatos y artículos electrodomésticos de Estados Unidos. Con un T-MEC renovado este sector puede crecer todavía más al grado de volverse en protagonista del nearshoring, incluso en la vertiente de dispositivos médicos, una industria en la que nuestro país ya es fuerte.

Vinculado con los dos sectores ya mencionados aparece el aeroespacial con gran potencial de expansión gracias a un mejor tratado en 2026. Y no sólo como parte integrante de la cadena de proveeduría de los fabricantes de aviones, sino también explorando ramas más nuevas como la fabricación de drones, turbinas de nueva generación y satélites pequeños.

Una de las industrias estratégicas para el desarrollo de nuevas tecnologías es la minería. México tiene una larga tradición minera que necesita adaptarse a las nuevas necesidades para proveer a la industria tecnológica de los elementos críticos debidamente refinados como cobre, zinc, plata, litio, entre otros. Y ya que hablamos de tecnología, nuestro país también está en condiciones de integrarse en algunas etapas de la cadena norteamericana de circuitos integrados (semiconductores y chips), principalmente en los segmentos de ensamblaje, prueba y empaquetado.

Si México lograra alcanzar un control fito y zoosanitario estricto, podría darle al sector agroalimentario una de las mayores oportunidades de crecimiento con el T-MEC 2.0. Nuestro país ya es un gran proveedor de frutas y verduras frescas y bebidas, pero pudiera serlo también de productos derivados de la ganadería y alimentos con un mayor valor agregado.

Por último, uno de los sectores que menos atención recibe dentro de la revisión del tratado es el de los servicios exportables. Me refiero a servicios relacionados con tecnologías de la información, desarrollo de software, externalización de algunos procesos de negocio y conocimiento y consultoría especializada. La digitalización de la economía permite ofrecer en México servicios para empresas que operan en Estados Unidos.

Siete acciones para las empresas

Las empresas que quieran sacar provecho del T-MEC 2.0 no deben esperar a que termine la revisión para poner en marcha algunas acciones que las pueden colocar en una posición de ventaja. Comparto siete de esas acciones:

  1. Capacitar y desarrollar a su personal. La economía la hacen las personas, y la seguirán haciendo con todo y los avances tecnológicos. El entrenamiento continuo, el fomento de la creatividad y el impulso de la capacidad inventiva serán claves en un entorno de mejores salarios y funciones críticas.
  2. Aumentar la productividad con tecnología. El viejo paradigma indicaba que una máquina sustituye a cientos de trabajadores. El nuevo paradigma es que la tecnología debe potenciar el trabajo de las personas. Pero hay que invertir en ello de forma consciente y con criterio. Innovar ya no sólo significa hacer las cosas de forma más eficiente; es, sobre todo, abrir la puerta a la diversificación, la resiliencia y la adaptación.
  3. Ajustar las cadenas de suministro. En sectores como el automotriz, el contenido regional será un elemento crucial para mantener el acceso preferente al mercado estadounidense. La sustitución de importaciones de insumos y bienes intermedios del espacio extra norteamericano es una estrategia que muchas empresas deberían estar aplicando ya.
  4. Cumplir, cumplir, cumplir. La clara intención del gobierno estadounidense de aplicar su ley de forma extraterritorial debe motivar a las empresas a reforzar sus esquemas de cumplimiento normativo, laboral, logístico, financiero, etc. Las zonas grises y los puntos ciegos pueden derivar a la postre en una expulsión de los beneficios del T-MEC.
  5. Asociarse o morir. La era de las empresas y empresarios hechos a sí mismos quedó atrás. Estamos en la era de la colaboración y el conocimiento compartido. Las empresas que se incorporen activamente a ecosistemas productivos regionales, organizaciones sectoriales y consejos horizontales de visión estratégica, tendrán una mayor posibilidad de superar los retos y aprovechar las oportunidades del tratado.
  6. Aprender a gestionar riesgos geopolíticos. Hasta que el nuevo orden global multipolar no termine de asentarse la inestabilidad será parte del contexto económico. Y las tendencias geopolíticas seguirán provocando trastornos en el aparato productivo. Por eso, una ventaja diferencial para las empresas será contar con un equipo de gestión de riesgos geopolíticos para adelantarse a las tendencias, tomar decisiones difíciles a tiempo y aprovechar las oportunidades.
  7. Diversificar mercados. Uno de los errores más comunes de quienes aprovechan tratados comerciales es la dependencia única o excesiva de un solo mercado. Sí, exportar a Estados Unidos es sumamente atractivo. Pero hay otros mercados que están creciendo. El T-MEC puede servir como plataforma para las empresas que, además de exportar hacia el norte, quieran hacerlo hacia el sur o cruzando el Atlántico y el Pacífico.

Pongamos manos a la obra

México y Norteamérica tienen el futuro frente a sus ojos. La revisión del T-MEC no va a ser un paseo por la Alameda, pero puede ser el punto de inicio de una etapa de fortalecimiento de la integración económica norteamericana. Este proceso nos va a exigir altas dosis de liderazgo estratégico, coordinación y trabajo conjunto entre entes públicos y privados.

De entrada, todos los sectores involucrados directa o indirectamente en el T-MEC deben ponerse ya a elaborar su lista de inquietudes y propuestas para aprovechar el periodo de consulta que ya comenzó. Mi sugerencia es que este esfuerzo no sea aislado, sino que cada región del país y cada sector genere un documento único que permita aumentar el peso de la visión. Es momento de que las empresas y los gobiernos se unan para hacer valer los intereses regionales y sectoriales.

Una negociación exitosa del T-MEC significaría no sólo preservar sino potenciar la competitividad regional y la prosperidad compartida que el tratado ha brindado a América del Norte, pero adaptándola ahora a los tiempos de la nueva era global. México, Canadá y Estados Unidos juntos tienen la oportunidad de seguir siendo, como dijo el primer ministro canadiense Mark Carney en la Ciudad de México, “la envidia económica del mundo”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Arturo G. González

Soy adicto a saber y descubrir algo nuevo todos los días. Me obsesiono con tratar de entender el mundo y la época que me tocó vivir. No puedo escapar a la necesidad de comprender por qué nuestra civilización es como es, y para ello leo noticias, opiniones, artículos de análisis y libros; escucho música y veo cine. Creo que el pasado vive en el presente, y que el presente es la pieza clave del futuro. Te invito a este viaje de pensamiento y descubrimiento cotidiano. Esta es mi visión del mundo.