Irán en el origen de la idea Oriente vs Occidente

(Por Arturo González González) ¿De dónde viene la noción de un Oriente vs Occidente? Para la mirada del occidental militante, Israel es un enclave de Occidente en el exótico Medio Oriente musulmán.

Los discursos de defensa del estado gobernado por el sionismo radical que se escuchan en Europa y América tienden a ponderar los valores democráticos y liberales, es decir, occidentales, de la sociedad israelí.

Mayor valor le intentan dar cuando hablan de una avanzada de la libertad en medio de fundamentalismos musulmanes, como si estos fueran la única realidad de los países en donde el Islam es mayoritario.

Esta visión, muy arraigada entre las élites políticas, económicas y culturales de la civilización del Atlántico Norte, tiene que ver con una concepción dicotómica excluyente que divide al mundo en Occidente y Oriente. 

Todo comenzó en Irán

Se trata de una concepción muy antigua, cuyo origen lo podemos encontrar en la civilización helénica, la cual tuvo como una de sus características principales su distinción frente a lo diferente, lo bárbaro, que, a la vuelta de los siglos, terminaría siendo emparentado con el concepto de Oriente.

En una de esas curiosas rimas que tiene la historia, la raíz de la noción de Oriente se encuentra en Persia, hoy Irán, país que libra en el presente una guerra directa e indirecta contra Israel, estado al que el Occidente proselitista considera su avanzada en Oriente.

En sus Historias, Heródoto intentó explicar el origen de la rivalidad que llevó a helenos y persas a librar varias guerras en el siglo V a. C. Y en su narración recoge leyendas que se remontan hasta la guerra de Troya, el motivo de los dos poemas homéricos.

Naturalmente, Heródoto nunca usó el término Oriente, puesto que se trata de una palabra de origen latino que significa naciente. Pero sí marcó una diferencia clara entre las costumbres de las ciudades-estado helénicas y los pueblos bárbaros de Asia.

En aquel entonces, el Imperio persa, gobernado por la dinastía Aqueménida, era la gran potencia del mundo conocido. Su extensión territorial, su población, su riqueza y su ejército no tenían parangón. 

Los persas intentaron invadir la Hélade más de una vez, pero fueron frenados con una resistencia que ha sido convertida por Occidente en uno de los grandes hitos fundacionales de su civilización.

Oriente vs Occidente, un enfoque engañoso

Aunque no logró conquistar la Antigua Grecia, Persia se mantuvo como una fuerza influyente que lo mismo seducía, contrataba y sobornaba políticos y mercenarios griegos, parecido a como lo hacen hoy, acusa Occidente, potencias de Oriente.

Un siglo y medio después de la fallida invasión persa, Alejandro III de Macedonia haría de su campaña contra el Imperio persa una venganza para cobrar las afrentas del pasado. Fue el fin de la Persia de los aqueménidas.

La visión dicotómica de dos mundos cerrados enfrentados entre sí que prevalece aún hoy sobre los enfrentamientos entre helenos y persas es sumamente engañosa. De lado de los persas pelearon griegos, de la misma forma que pueblos “orientales” terminaron sumados a las filas del ejército de Alejandro.

No obstante, una corriente histórica dominante ha hecho ver que el choque entre helenos y persas fue la colisión de dos formas de entender el mundo en la que, obviamente, la correcta queda ubicada de este lado de la geografía ideológica. Muy parecido a lo que ocurre hoy con la dicotomía Oriente-Occidente.

La persistencia de Irán como enemigo

Llama poderosamente mi atención la persistencia de Persia o su equivalente territorial como enemiga en el imaginario occidental.

El Imperio de Alejandro no sobrevivió a su muerte y se partió en reinos gobernados por las dinastías fundadas por sus generales que pelearon entre sí hasta que nuevas potencias los conquistaron. Desde Occidente fue Roma.

Desde Oriente, el Imperio parto de los Arsácidas, que se estableció en lo que había sido Persia hasta que emergió una nueva dinastía persa, la Sasánida, que reconstruyó el antiguo imperio aqueménida.

La rivalidad entre Roma y Partia/Persia fue un asunto recurrente durante siete siglos, tiempo suficiente para afianzar la idea de Occidente y Oriente como dos mundos aparte y enfrentados. 

El último periodo de las guerras romano-sasánidas, entre los siglos VI y VII de nuestra era, fue desgastante debido también a una terrible pandemia de peste bubónica que diezmó a las poblaciones de ambos imperios.

Exhausta, Persia sucumbió ante la irrupción de los árabes musulmanes que reconfiguraron el mundo más allá de Oriente. Roma, de la cual sólo sobrevivía su imperio oriental (hoy llamado bizantino), resistió como pudo a los nuevos conquistadores.

La rivalidad Occidente y Oriente adquirió entonces un nuevo rostro marcado por la fe: frente a los dominios del Islam se erigieron los reinos cristianos. Rivalidad que tuvo su apogeo en las Cruzadas, guerras mundiales a caballo, lanza y espada.

Irán resurge islamizado

Persia reaparece en la historia ya islamizada hasta el siglo XVI con el Imperio safávida, al que sucedieron varias dinastías que encontraron en el contexto geográfico más cercano a sus principales rivales, tales como los imperios otomano, mogol de la India, afgano y ruso. Es decir, otros imperios considerados orientales.

Mientras, los imperios coloniales europeos aumentaron su poder e influencia sobre Asia e Irán, específicamente. Reza Kan, ministro de guerra del entonces llamado Estado Sublime de Persia, fundó en 1925 lo que sería la última dinastía iraní, la Pahlavi, tras un golpe de Estado. 

Su descendiente, Mohammad Reza, se proclamó emperador del Estado Imperial de Irán y en 1971 celebró los 2,500 años de la fundación del Imperio persa por Ciro II. Con este acto espectacular y oneroso, el Shah buscaba legitimar su reinado vinculándose con la dinastía de los Aqueménidas. Pero Irán en los años 70 del siglo XX apenas era una sombra del poderoso Imperio persa de la antigüedad.

La dinastía Pahlavi que había nacido con la gran promesa de la modernización, se revolvía al paso de cinco décadas en crisis políticas, étnicas, sociales y económicas, mientras que el Shah era visto desde dentro y fuera como un monarca títere de los EEUU. Washington brindaba todo tipo de apoyo a la monarquía a cambio de petróleo y de intervención en la política interna.

Curiosamente el país que hoy censura con dureza la violación de los Derechos Humanos en la República Islámica de Irán, se hacía de la vista gorda frente a la represión del aparato de inteligencia del Shah. Las crisis acumuladas y recurrentes, la injerencia estadounidense y el creciente autoritarismo llevaron a Irán a la revolución. 

Los ayatolás y el regreso del Oriente vs Occidente

Pero no fueron las fuerzas progresistas las que se hicieron con el poder, sino las más conservadoras. Así, Irán pasó de ser una monarquía manejada por Occidente a ser un estado teocrático enemigo de Occidente. El mito del Oriente extraño, ajeno y siempre peligroso encarnado en Irán-Persia, se alzó de nuevo en la mirada occidental marcada ahora por EEUU.

La relación entre EEUU e Irán desde la revolución de los ayatolás de 1979 es una de las más tensas de la historia contemporánea.

Toma de rehenes (en la embajada estadounidense en noviembre de 1979), guerras regionales (Irán contra Irak, apoyado por EEUU), dobles discursos (el escándalo de la venta oculta de armas para financiar a la Contra nicaragüense), sanciones económicas y amenazas nucleares forman parte de la historia reciente entre ambos países. 

Hoy Irán es el estado enemigo número uno de EEUU y de su principal aliado en Oriente Medio, Israel. Aunque ha crecido en sus capacidades bélicas, el régimen de Teherán sabe que no puede hacer frente a una guerra directa contra el estado israelí.

Consecuentemente ha estructurado dos ejes, uno regional y otro mundial, para mantener el asedio a los intereses de Occidente y su enclave. En el primero, llamado Eje de la Resistencia, figuran, además de Irán, Siria, las organizaciones extremistas Hamás, la Yihad y Hezbolá, las milicias chiíes de Irak y los rebeldes hutíes de Yemen, entre otros. 

En el escenario mundial, Irán se ha alineado con los intereses de Rusia, a quien brinda ayuda en su guerra contra Ucrania a cambio de apoyo político, económico y militar, y de China, su principal socio comercial.

Romper la visión Oriente vs Occidente

Desde los sectores de poder de Washington se observa a Teherán como una pieza clave de una especie de entente oriental. Lo cierto es que las decisiones del régimen de los ayatolás hoy pasan por la consideración de las capacidades del Eje de la Resistencia y el apoyo que pueda recibir de Rusia y China.

No debemos pasar por alto que, como en el pasado remoto, ni Occidente es unánime respecto a su postura sobre Irán, ni Oriente actúa como bloque o alianza. La Unión Europea ha insistido en reactivar el pacto nuclear con Teherán que Donald Trump rompió cuando era presidente. E Irán enfrenta fuerte competencia regional en el mundo musulmán con Arabia Saudí, Turquía y Pakistán, con quienes mantiene relaciones complejas y cambiantes.

Si se quiere frenar la escalada bélica que invade el mundo, es necesario desechar la visión reduccionista de que estamos ante un nuevo enfrentamiento de Occidente vs Oriente. Este enfoque no ha ayudado en el pasado, por lo que difícilmente ayudará en el presente y el futuro.

Suponer que la verdad está sólo del lado de uno de los supuestos bloques es adoptar una postura militante que conduce al conflicto irremediable para exterminar al otro. 

Además, quienes defienden la idea de un mundo dividido entre los valores de Oriente y Occidente olvidan que hay otros actores y, sobre todo, que un sólo modelo económico, el capitalista, impera hoy en prácticamente todo el orbe.

Si desde la antigüedad había razones para dudar del determinismo de dos civilizaciones cerradas enemigas, hoy esas razones son mayores y más profundas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.

Arturo G. González

Soy adicto a saber y descubrir algo nuevo todos los días. Me obsesiono con tratar de entender el mundo y la época que me tocó vivir. No puedo escapar a la necesidad de comprender por qué nuestra civilización es como es, y para ello leo noticias, opiniones, artículos de análisis y libros; escucho música y veo cine. Creo que el pasado vive en el presente, y que el presente es la pieza clave del futuro. Te invito a este viaje de pensamiento y descubrimiento cotidiano. Esta es mi visión del mundo.