Un mundo multipolar en gestación

Por Arturo González González

Tras la pandemia y la invasión rusa en Ucrania ha crecido entre analistas y actores globales el convencimiento de que estamos en el inicio de un mundo multipolar. En la cumbre anual de los BRICS en Johannesburgo, Sudáfrica, celebrada en agosto pasado, Antonio Guterres, secretario general de la ONU, dijo que “para ser un factor de paz, equidad y justicia en las relaciones internacionales, la multipolaridad debe ser apoyada por instituciones multilaterales fuertes y efectivas”, y aseguró que las estructuras de gobernanza imperantes reflejan el mundo de ayer. ¿A qué se refiere Guterres con el mundo de ayer? ¿Qué implicaciones tiene el mundo multipolar que nace? ¿Cuáles oportunidades y riesgos conlleva?

Entre 1945 y 1990 el mundo estuvo dividido en un enfrentamiento bipolar entre dos superpotencias: Estados Unidos y la Unión Soviética. Este dualismo creó fronteras físicas e ideológicas bien definidas y dio forma a gran parte del siglo XX. Sin embargo, la lucha por la supremacía global dejó poco espacio para la cooperación internacional y planteó el riesgo constante de un conflicto nuclear. En un intento de encontrar su voz en este orden dividido, un tercer mundo de naciones no alineadas buscó emerger. Pero su esperanza fue socavada por la crisis de la deuda de los años setenta y ochenta, lo que reveló las limitaciones de un enfoque que no logró romper el dualismo imperante.

El colapso de la URSS dejó a EEUU como única superpotencia, lo que marcó el inicio de la era unipolar. Este período se caracterizó por la eliminación aparente de las fronteras, con la globalización neoliberal como bandera. A pesar de la promesa de una distribución de riqueza global “en cascada”, la brecha entre ricos y pobres creció. La hiperglobalización impulsada principalmente por EEUU y el Reino Unido eliminó barreras para el capital y las inversiones, pero no cumplió su promesa de una distribución equitativa de la riqueza. Además, la irrupción del extremismo islámico, los regímenes autoritarios y movimientos populistas puso en duda la estabilidad del orbe unipolar. 

Desde la segunda mitad de la década pasada, el mundo experimenta un cambio hacia la multipolaridad con la “reaparición” de las fronteras y la emergencia de nuevos actores globales. En este nuevo paradigma, China destaca como una potencia que busca, al menos en el discurso, una distribución más equitativa del poder y la riqueza. Los BRICS, una sociedad de naciones emergentes cuyo núcleo original está formado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, están ampliando su presencia internacional, principalmente en Oriente Medio, África y América Latina, con el objetivo de incrementar la influencia del Sur global en la toma de decisiones. La “multiversalidad” surge como nuevo concepto en boga frente a la universalidad de la era pasada y el dualismo de la Guerra Fría.

Este mundo multipolar en gestación abre un abanico de oportunidades para empresas y gobiernos. La diversificación de mercados reduce la dependencia y minimiza los riesgos asociados con eventos económicos o políticos adversos en una región en particular. La competencia detona la innovación y ésta impulsa a las empresas a mejorar sus productos y servicios en un mercado global diversificado y competitivo. Mayores espacios para potencias regionales y emergentes en foros internacionales permiten esquemas más equitativos en la toma de decisiones globales. Un equilibrio de poderes entre grandes potencias evita el dominio de una sola nación.

Pero la multipolaridad conlleva también riesgos. La rivalidad entre potencias puede detonar conflictos geopolíticos que amenacen la estabilidad económica y la seguridad de empresas y países. La división puede aumentar la volatilidad en los mercados financieros globales, con fluctuaciones en tasas de cambio y precios de productos básicos. La falta de armonización de reglas comerciales y fiscales complica la gestión empresarial y aumenta los costos de cumplimiento. Con múltiples actores poderosos compitiendo en el ámbito digital, las amenazas cibernéticas y el espionaje industrial se vuelven una realidad cotidiana. La competencia global puede motivar prácticas autoritarias dentro y fuera de las principales potencias en aras de la estabilidad y el predominio.La gran pregunta es: ¿será el mundo multipolar más estable y próspero? Para las empresas, la clave está en la adaptabilidad y la capacidad de aprovechar las oportunidades que ofrece este nuevo escenario, con una combinación de visión estratégica, colaboración para abordar los desafíos y toma de decisiones informada para un mundo en constante cambio. Respecto al giro político mundial, Guterres esbozó una respuesta en Johannesburgo: “para que las instituciones multilaterales sigan siendo verdaderamente universales, deben reformarse con el fin de reflejar el poder y las realidades económicas actuales. En ausencia de tal reforma, la fragmentación es inevitable”.

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Arturo G. González

Soy adicto a saber y descubrir algo nuevo todos los días. Me obsesiono con tratar de entender el mundo y la época que me tocó vivir. No puedo escapar a la necesidad de comprender por qué nuestra civilización es como es, y para ello leo noticias, opiniones, artículos de análisis y libros; escucho música y veo cine. Creo que el pasado vive en el presente, y que el presente es la pieza clave del futuro. Te invito a este viaje de pensamiento y descubrimiento cotidiano. Esta es mi visión del mundo.